miércoles, 28 de febrero de 2018

¿Cómo Tener Paz Sobrenatural?




«Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo.»
-Jesús

La aflicción del alma parece ser inherente a la prosperidad humana. Cuando parece que alcanzamos la cumbre, repentinamente el mundo podría quebrarse y amenazarnos. El éxito según esta sociedad, tiene que ver con «tener» y para pagar lo adquirido: empresa, casa, viajes, lujos; nos enfrascamos en el «hacer»: formas legítimas de ganar dinero, otras legales pero no muy morales ni éticas. La inerrante Palabra de Dios dice: «En cambio, los que quieren hacerse ricos caen en la tentación como en una trampa, y se ven asaltados por muchos deseos insensatos y perjudiciales, que hunden a los hombres en la ruina y la condenación.» 1Tim. 6:9 

Constantemente nos vemos asaltados por un clima interior de angustia, culpa y pocas horas de sueño, también producidas por nuestras posesiones. Sumadas están las presiones de dentro, de la familia, del trabajo y hasta «la fe» se vuelve insípida e ineficaz. Urgimos de paz cotidiana, trascendente y duradera.

En un mundo caído, además, enfrentamos injusticia, pobreza, soledad, enfermedad, virus, divorcio, violencia, drogas, angustia, ansiedad, insatisfacción, desastres, guerras, muerte; gestiones de gobierno ineficaces, corruptas... y hasta el placer resulta en insatisfacción y desencanto. Más allá de nuestro esfuerzo por ser positivos y exitosos, gemimos desprovistos de paz verdadera.

En medio de nuestros desafíos y lágrimas, hay esperanza y provisión abundante de paz, de gozo, de realización y esperanza. Veamos:
La prosperidad que viene de la mano de Papá Dios, surge del «Ser», se nutre del «hacer» legal, moral, ético; y como resultado disfrutamos del «tener». La Biblia declara: «La bendición de Dios es riqueza que viene libre de preocupaciones.» Pr 10:22. Nuestra riqueza es espiritual, celestial, interior y como resultado viene lo material. Si la riqueza material nos es esquiva, aún con ello experimentamos reposo, fortaleza, confianza y hasta realización. ¿No fue acaso así en la vida de Jesús?

Si amamos a Papá correctamente, podremos amar todo lo demás correctamente. San Pablo nos enseña:
«A los ricos de este mundo, mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos. 18 Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen. 19 De este modo atesorarán para sí un seguro caudal para el futuro y obtendrán la vida verdadera.» 1Tim. 6:17-19. Podemos disfrutar de riqueza material dada por Papá, con la priorización correcta.

La Paz de Dios, es la herencia de sus hijos; es el resultado de la salvación, del saberse libre de culpa. «Por lo tanto, ya que fuimos declarados justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros.» Ro.5:1
La Paz que anhelamos los hijos de Dios, ya está dentro de nosotros. ¡Nuestra paz es Él! «...el Dios de paz estará con ustedes.» Fil. 4:9

Cuando seamos asaltados por la angustia, el afán, el estrés; ¡no abracemos ese paquete! Caigamos de rodillas en la oficina, en el baño de la empresa, en el campo o en la casa;  clamemos a Papá con corazón humillado, suplicante y en total dependencia, como un niño. También alegrémonos dándole gracias por sus bondades y porque Él hará. Hagamos de esta acción un hábito cotidiano y como resultado experimentaremos esa Paz del cielo prometida para los hijos del Reino. Fil. 4: 6,7

No nos promete ausencia de aflicción, sino presencia de Dios en medio de ella.
«Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! 5 Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. 6 No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.» Fil. 4:4-7

¿Cómo podés tener paz inexplicable? ¡Rendite a Cristo, creé y confesale tu dueño! ¡Entonces serás salvo, serás su hijo! ¡Si ya lo sos, entonces disfrutala, ya está dentro de vos!